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Borrascas y cosechas: cómo puede afectar al precio

Febrero de 2026 ha sido siendo especialmente duro para buena parte del campo español. Las borrascas Kristin, Leonardo y Marta han encadenado semanas de lluvias intensas y viento, dejando suelos saturados y muchas fincas inaccesibles justo en el tramo final de la campaña.

Para quienes aún estaban recolectando, el temporal ha llegado en un momento crítico.

Un temporal que golpea en plena recolección

En gran parte del olivar español, la campaña se extiende entre noviembre y febrero. En las zonas del interior, donde el frío retrasa la maduración, la aceituna permanece más tiempo en el árbol. Cada territorio trabaja con su propio calendario.

Cuando las lluvias se prolongan durante semanas y todavía queda fruto por recoger, el margen se estrecha. Con el suelo empapado, la maquinaria no puede entrar sin dañar la parcela. Las cuadrillas se ven obligadas a parar. Y la aceituna, expuesta al viento y a la humedad, empieza a perder calidad.

En algunos casos, la decisión es compleja desde el punto de vista económico: recoger fruto deteriorado puede no compensar el coste de hacerlo.

Este año la persistencia ha marcado la diferencia. No ha sido un episodio aislado, sino una sucesión de borrascas que ha paralizado el trabajo en muchas explotaciones. En provincias como Jaén —referente mundial en producción de aceite de oliva— aún quedaba una parte relevante de la cosecha por recoger cuando comenzaron las lluvias. En zonas de Córdoba, Sevilla, Castilla-La Mancha o Extremadura, donde la campaña también se prolonga hasta febrero, la situación ha sido similar en numerosas fincas.

El impacto no se limita al aceite. Las hortalizas de invierno han sufrido encharcamientos que afectan tanto al rendimiento como a la calidad comercial. En algunas zonas productoras, incluso los invernaderos han registrado daños por viento y acumulación de agua.

En cítricos, la caída de fruto supone pérdida directa de kilos comercializables. Y en cereales de invierno, el exceso de agua puede comprometer el desarrollo radicular si el encharcamiento se mantiene.

En ganadería, los pastos anegados obligan a incrementar el uso de pienso, elevando los costes en un contexto ya ajustado.

Cuando el clima se descompensa durante semanas, el efecto se extiende a toda la cadena.

¿Qué puede pasar con los precios del aceite?

La pregunta es inevitable.

En el aceite de oliva, el precio en origen depende de tres variables principales: el volumen total producido, la calidad media y las existencias disponibles de campañas anteriores.

Si finalmente se confirma una reducción del volumen aprovechable o una menor proporción de virgen extra, la oferta real se ajusta. Y cuando la oferta se ajusta, el mercado lo refleja.

Las previsiones iniciales apuntaban a una campaña más cómoda que las anteriores, marcadas por la sequía. Sin embargo, si las pérdidas en determinadas zonas productoras son significativas, es razonable pensar en cierta tensión en origen durante los próximos meses.

No necesariamente un escenario extremo como el vivido en 2023 y 2024, cuando la producción fue excepcionalmente baja, pero sí posibles ajustes si el mercado percibe menor disponibilidad real.

A esto se suma otro elemento menos visible: los costes. Retrasos, menor rendimiento por fruto deteriorado y mayores dificultades operativas incrementan el coste medio por kilo producido. Para que la explotación sea sostenible, ese coste necesita encajar en el precio final.

¿Y en hortalizas y frutas?

En productos frescos, la reacción suele ser más rápida.

Si durante varias semanas se reduce la oferta de hortalizas o cítricos, el ajuste puede trasladarse antes al mercado. En cereales, el impacto se verá más adelante, cuando se confirme el rendimiento final de la cosecha.

Cada cultivo responde a su propio ciclo, pero el equilibrio siempre es el mismo: menos disponibilidad implica mayor presión sobre el precio.

La otra cara de la lluvia

Después de años de sequía severa, la recarga de acuíferos y embalses es una noticia relevante. El olivo necesita agua en momentos clave como la floración y el cuajado. Si el exceso actual no genera daños estructurales en el árbol, estas reservas pueden jugar a favor de la próxima campaña.

En agricultura, todo depende del momento. El agua puede ser aliada o problema según cuándo llegue.

En MARE OLEUM, nuestra cosecha estaba recogida desde octubre gracias al clima más templado de la Costa de la Luz. Aun así, seguimos con atención lo que ocurre en el conjunto del sector. El olivar español funciona como un sistema interconectado: lo que sucede en una zona productora termina influyendo en el mercado.

La campaña aún no está cerrada en todas las zonas y los datos finales marcarán la diferencia. Lo que sí sabemos es que semanas como estas modifican previsiones y obligan a recalcular expectativas.