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Plagas del olivo: proteger el fruto en su momento más delicado

A simple vista, el olivo parece tranquilo en esta época, cubierto de hojas verdes y con los frutos creciendo poco a poco. Pero bajo esa calma aparente se libra una batalla silenciosa. El verano es especialmente favorable para muchas plagas: las altas temperaturas aceleran su ciclo biológico y permiten que, en pocas semanas, se multipliquen de forma exponencial.

Por eso, esta estación exige más que nunca observar, decidir y actuar. Una intervención tardía puede traducirse en una pérdida importante de cosecha o en un deterioro de la calidad del aceite. Algunas plagas, como la mosca del olivo, dejan una huella invisible en el fruto que solo se revela más tarde, durante el análisis o la cata del AOVE.

Conocer las plagas más comunes, su comportamiento y cómo enfrentarlas de forma respetuosa con el medio ambiente es esencial para proteger la salud del árbol, la biodiversidad del entorno y, por supuesto, la calidad del aceite.

Las plagas más comunes del olivar

Entre las más habituales en estas fechas destacan:

Mosca del olivo (Bactrocera oleae):

La más temida del olivar. La hembra deposita sus huevos directamente dentro de la aceituna. Al eclosionar, la larva se alimenta de la pulpa, provocando heridas que facilitan la entrada de microorganismos y favorecen la fermentación. Este daño no solo reduce la cantidad de aceituna aprovechable, sino que también afecta la calidad del aceite, produciendo defectos sensoriales como el sabor a “avinado”. La mosca tiene varias generaciones anuales que se aceleran con las altas temperaturas del verano, por lo que el monitoreo constante es fundamental.

Polilla del olivo (Prays oleae):

Este pequeño lepidóptero tiene un ciclo dividido en tres generaciones: la primera afecta a las flores (y puede reducir la cuaja), la segunda a los frutos (larvas que perforan y dañan las aceitunas) y la tercera a las hojas (alimentando los brotes). En verano, la generación que daña el fruto es la que requiere más atención, ya que puede causar pérdidas directas en la cosecha.

Cochinilla (Saissetia oleae):

Este insecto se instala en ramas y hojas, extrayendo savia y debilitando la planta. Además, segrega una sustancia azucarada llamada melaza, que atrae a hongos negrilla. La negrilla cubre las hojas y reduce la fotosíntesis, afectando la salud general del árbol y su capacidad productiva.

Glifodes (Palpita unionalis):

Las larvas de esta mariposa se alimentan de hojas tiernas y brotes, creando galerías que dañan la estructura vegetal y limitan el crecimiento. Aunque no suele causar daños tan graves como la mosca o la polilla, su presencia continuada puede debilitar el árbol.

Repilo (Spilocaea oleagina):

Es una enfermedad fúngica que provoca manchas circulares oscuras en las hojas y puede acelerar la caída de las mismas. Aunque se desarrolla principalmente en condiciones de humedad, sus esporas pueden mantenerse latentes en el árbol y activarse en temporadas favorables, por lo que requiere vigilancia constante.

El reto: intervenir sin romper el equilibrio

En MARE OLEUM apostamos por una agricultura respetuosa con el entorno, en la que cada decisión se basa en la observación y el conocimiento profundo del olivar. Para controlar las plagas durante esta etapa crucial del fruto, utilizamos sistemas de monitoreo sencillos pero muy eficaces, que nos permiten conocer el estado real del cultivo sin alterar su equilibrio natural.

Entre nuestras herramientas habituales destacan:

  • Las trampas cromáticas adhesivas amarillas, esas láminas impregnadas con pegamento que colocamos en distintas zonas del campo. Su color atrae a numerosos insectos, permitiéndonos detectar su presencia y evolución.
  • La trampa OLIPE, específica para la mosca del olivo. Funciona con atrayentes alimenticios y feromonas que capturan a los adultos, ayudándonos a prevenir daños en el fruto antes de que sea tarde.

Estas trampas no solo informan; también actúan como medidas de control directo, reduciendo la población de plagas de forma continua y sin químicos. Gracias a esta vigilancia activa, aplicamos un enfoque de lucha integrada, que se basa en intervenir solo cuando es necesario. Siempre priorizamos soluciones autorizadas en agricultura ecológica, dando preferencia a la prevención frente a la reacción.

Cultivar con conciencia

Nuestra forma de trabajar busca mantener el equilibrio entre producción, sostenibilidad y respeto por el entorno. Porque no se trata solo de producir aceite, sino de hacerlo con conciencia. Con cada fruto que protegemos, estamos defendiendo también la salud del árbol, la riqueza de su ecosistema y la calidad del AOVE que llega hasta tu mesa.